En esta tarea se va a trabajar las dos perspectivas de transmitir información en dos grupos diferentes. La práctica realizada muestra una clara diferencia entre un estilo de apoyo a la autonomía y estructurado (grupo 2) frente a un estilo controlador y sin información (grupo 1).
En ambos casos vamos
a ver cómo se trabaja lo siguiente:
- Autonomía del
grupo.
- Competencia.
- Relación.
En el primer grupo no ha habido una puesta de información por parte del profesor, ha hablado de mala manera y bastante serio. También ha marcado el ritmo durante toda la sesión y no ha dejado nada de autonomía a los alumnos, por lo que ha sido muy autoritario, tampoco se ha implicado en la sesión y ha pasado del grupo. No ha dado feedback, únicamente de forma negativa con ciertos comentarios que no daban ninguna motivación.
Por otro lado, en el segundo grupo ha sido todo lo contrario, ha explicado la sesión, para qué sirven los abdominales, ejercicios aconsejables, les ha ofrecido el ventilador por si tenían calor y se ha implicado en la actividad con ellos. Además, no les ha mandado los cambios de ejercicios, ellos lo eligen en función de su nivel de resistencia y les ha hecho circuitos que se adaptan a lo que podía hacer cada uno, ha dado feedback de forma positiva, animando a algunos de los alumnos y corrigiendo de manera afectiva si no realizaban bien el ejercicio, dirigiéndose a ellos por sus nombres.
Por lo tanto, favorecía el ambiente de trabajo y han acabado con una vuelta a la calma en la que el profesor explicaba los ejercicios de estiramientos mientras seguía dando feedback a todo el grupo, explicando los ejercicios, su finalidad y el porqué de hacerlo.
En nuestra opinión,
lo que vemos es que un grupo ha aprendido (y ha disfrutado) y el otro no, de
manera que en el segundo grupo se ha fomentado la autonomía, la competencia y
la relación tanto entre compañeros como con el profesor. Se puede observar que,
con la ayuda de unos cuestionarios realizados por ambos grupos, hay una
diferencia de más de un punto entre el primero, que su puntuación ha sido de un
3.03, y el segundo, que ha sido un 4.20. Esos 1.17 puntos que distan ambos
grupos marcan qué grupo ha tenido mayor autonomía, ha estado bien estructurado
y en el que el profesor ha sido más o menos controlador.
Análisis comparativo: acondicionamiento de la musculatura del tronco.
1. Primer grupo.
Durante la primera
parte de la sesión, el profesor utilizó conductas que anularon la autonomía de
los alumnos, frustró las competencias del grupo al no recibir feedback y hubo
una relación negativa entre profesor-alumno.
-
Estilo de apoyo a la
autonomía: no favorece la toma de decisiones,
implicación y responsabilidad en la sesión. No se basa en la comprensión ni
trata de alimentar los intereses, opiniones y sentimientos de los alumnos.
● Conductas participativas: el docente anuló cualquier posibilidad de participación al no permitir autonomía y hablar de malas formas y serio, imponiendo su criterio sin dar margen a la elección. Al no preocuparse por el estado físico de los estudiantes hizo que no se implicaran activamente en la sesión.
●
Conductas
adaptativas: el docente ignoró la perspectiva de
los alumnos al no poner el aire acondicionado y pasar de ellos, demostrando una
falta total de empatía hacia sus necesidades físicas. Al no ofrecer información
ni explicaciones sobre el porqué de los ejercicios impidió que la actividad
tuviera sentido para el grupo, generando un clima distante y poco motivante.
-
Estilo estructurado:
pasa de las capacidades de los estudiantes y no hace nada para que se sientan
competentes, les impone el número de repeticiones de los ejercicios sin pensar
en las capacidades individuales de cada uno.
● Conductas orientadoras: en este caso, el docente frustró la necesidad de competencia al desentenderse de los estudiantes y no ofrecer ninguna guía ni apoyo durante la práctica. Al no dar feedback y pasar de ellos, el profesor impidió que el alumnado tuviera los pasos necesarios para progresar, dejando a los estudiantes a la deriva sin posibilidad de corregir errores o mejorar su ejecución.
●
Conductas
clarificadoras: el estilo de este docente se caracterizó
por la opacidad, ya que “no hubo información” sobre la sesión, ni sobre los
objetivos de los ejercicios. Al no comunicar de forma clara qué se esperaba de
ellos ni informar sobre su progreso, generó un clima de confusión que impidió a
los alumnos conocer el grado de cumplimiento de los aprendizajes.
-
Estilo controlador:
aplicó un estilo basado en la presión y el control, forzando al alumnado a
comportarse de forma prescrita al no permitirles autonomía. Al ser el docente
el centro de las decisiones, frustró la autonomía del grupo e impuso un único
camino.
● Conductas demandantes o exigentes: el docente hizo uso de un lenguaje controlador al hablar “mal y serio”, estableciendo un tono de voz y un lenguaje corporal de disciplina que buscaba ordenar y exigir un comportamiento determinado. Al no permitir autonomía y presionar con su actitud, forzó al alumnado a actuar de una manera prescrita, lo que se asocia con el uso de un lenguaje directivo y autoritario para obligar a cumplir las tareas.
●
Conductas dominantes:
el profesor ejerció un rol de poder sobre los estudiantes al ignorar sus
necesidades físicas (no poner el aire acondicionado) y “pasar de ellos”, lo que
puede generar sentimientos de ansiedad y desamparo. Al desentenderse de la
clase de forma fría y autoritaria, indujo un clima donde los estudiantes pueden
sentir que su esfuerzo no es valorado, frustrando su necesidad de autonomía y
relación a través de una actitud de desaprobación encubierta.
-
Estilo caótico o
desestructurado: el docente mostró indiferencia al
“pasar” de los alumnos y no dar información, dejando al grupo sin unas pautas
claras sobre cómo actuar. El hecho de no tener estructura generó confusión e
impidió saber si los ejercicios se hacían correctamente, frustrando la
percepción de competencia.
● Conductas de abandono: el docente mostró una clara actitud de desentendimiento al dar la impresión de no importarle los alumnos y no implicarse en la sesión, lo que coincide con el perfil de un profesor que se da por vencido o no presta atención a sus estudiantes. Al no ofrecer estrategias ni feedback, dejó que los alumnos se responsabilizaran solos de un aprendizaje para el que no habían recibido instrucciones, desentendiéndose de sus necesidades.
●
Conductas a la espera:
al no proporcionar información inicial sobre la sesión, el profesor generó una
situación de “dejar hacer” (“laissez faire”) sin una estructura previa,
obligando al alumnado a evolucionar sin ninguna guía. Esta falta de
indicaciones precisas provocó que el grupo trabajara con el riesgo de no
hacerlo correctamente, ya que el docente cedió la iniciativa por completo de
forma prematura.
2.
Segundo grupo.
Durante la segunda
parte de la sesión, el profesor utilizó conductas que fomentan la autonomía del
grupo, reforzó las competencias con explicaciones e información y hubo una
buena relación entre profesor-alumno.
-
Estilo de apoyo a la
autonomía: favorece la toma de decisiones,
implicación y responsabilidad en la sesión. Se basa en la comprensión y trata
de alimentar los intereses, opiniones y sentimientos de los alumnos.
● Conductas participativas: el docente fomentó la autonomía al permitir que los propios estudiantes eligieran los cambios de ritmo y los ejercicios, otorgándoles la capacidad de tomar decisiones durante la sesión. Al preguntarles sobre los ejercicios y dialogar con ellos, logró que los alumnos asumieran responsabilidades y se sintieran el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje.
●
Conductas
adaptativas: el profesor mostró una actitud
empática al ofrecer el ventilador y adaptar los circuitos al nivel de cansancio
del grupo, buscando que la actividad fuera agradable y motivante. Además, actuó
de forma adaptativa al explicar la utilidad de los abdominales y los
estiramientos, aportando razones significativas que justifican la importancia
de las tareas realizadas.
-
Estilo estructurado:
parte desde las capacidades de los estudiantes y hace que se sientan
competentes, adapta las tareas a las capacidades reduciendo el número de
repeticiones.
● Conductas orientadoras: el docente actuó como guía al correr con los alumnos y aportar ayuda constante durante los ejercicios, proporcionando la asistencia necesaria para su progreso. Además, demostró una gran capacidad de orientación al adaptar los circuitos al nivel de cansancio del grupo, estableciendo retos realistas que permitieron a los estudiantes percibirse como competentes en la tarea.
●
Conductas
clarificadoras: el profesor comunicó las expectativas
de forma transparente al explicar el objetivo de la sesión, la utilidad técnica
de los abdominales y los beneficios de los estiramientos finales. Esta
información detallada permitió que el alumnado fuera consciente de lo que
estaba consiguiendo y del sentido de cada actividad, eliminando cualquier tipo
de incertidumbre sobre el aprendizaje.
-
Estilo controlador:
evitó el control al no imponer un camino determinado, permitiendo que los
alumnos eligieran y opinaran sobre la sesión. Al considerar el cansancio y
ceder el protagonismo, satisfizo la autonomía y evitó respuestas de oposición.
● Conductas demandantes o exigentes: este grupo se caracterizó por la ausencia total de estas conductas, ya que el docente evitó el uso de lenguaje impositivo o amenazas relacionadas con la disciplina. En lugar de ordenar mediante la presión, utilizó un lenguaje menos directivo que permitió que los estudiantes eligieran sus propios cambios de ritmo, alejándose de la exigencia rígida de que las tareas se desarrollen solo de la forma indicada por el profesor.
●
Conductas dominantes:
el docente evitó ejercer un rol de poder represivo, sustituyéndolo por un clima
de confianza y apoyo donde se fomentó el diálogo y el uso de nombres propios.
Al implicarse activamente en la sesión y mostrar empatía con el estado físico
del grupo, eliminó cualquier gesto de desaprobación o inducción de culpa,
asegurando que los alumnos no se sintieran cohibidos ni con miedo a cometer
errores.
-
Estilo caótico o
desestructurado: se evitó este estilo al proporcionar
explicaciones constantes y feedback individualizado, eliminando cualquier
rastro de permisividad o abandono. El profesor no “dejó hacer” al alumnado,
sino que orientó el aprendizaje para asegurar que se cumplieran los objetivos
didácticos.
● Conductas de abandono: este grupo no experimentó abandono, ya que el profesor se mantuvo activo y presente en todo momento, llegando incluso a correr con los alumnos para incentivar su esfuerzo. En lugar de desentenderse, el docente se interesó por las dificultades del grupo y adaptó los circuitos al cansancio, asegurando que nadie se sintiera ignorado o falto de apoyo.
●
Conductas a la espera:
el docente evitó la improvisación al planificar una sesión con objetivos claros
y explicaciones detalladas sobre la utilidad de cada ejercicio. Aunque dio
autonomía para elegir cambios, no fue una conducta a la espera, ya que los
alumnos estaban preparados con consignas previas y feedback constante que
impedía la confusión o el libertinaje negativo.
3. Reflexión final.
Gracias a este trabajo se puede analizar la forma en la que influye el estilo motivacional del docente en las clases de Educación Física. Los hechos se basan en las estadísticas, la diferencia de 1.17 puntos en las encuestas confirma que cuando se satisfacen las necesidades de autonomía, competencia y relación, el alumnado pasa de la simple ejecución al aprendizaje real y al disfrute.
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